Actualmente la gran influencia de la industria alimentaria por una parte, y
la publicidad y medios de difusión por otro, hacen que los hábitos alimentarios
de la población adolescente se vean influenciados por ellos, lo que les conduce
a dietas poca sanas guiadas en muchos casos por cánones que se extienden por el
mundo occidental.
A continuación os presentamos algunos de ellos:
Irregularidades en el patrón de ingesta

La asistencia
frecuente a restaurantes de comidas rápidas y de precio más económico, junto
con la disponibilidad de alimentos precocinados en el propio hogar, contribuye
de manera constante a que se produzcan cambios de hábitos alimentarios con
mayor consumo de grasa total, grasa saturada, colesterol, azúcares y sodio. A
esto se une un menor consumo de frutas, fibra y vegetales, que puede degenerar
en déficits de micronutrientes y cada vez más nos alejamos de la dieta
mediterránea.
Además, en casa
se fomenta el hábito de estar muchas horas ante la televisión, el ordenador o
consolas, con lo que la inactividad física se convierte en el papel
protagonista de muchos hogares. Esto favorece a la aparición del sedentarismo
al no motivar, tanto a niños como adolescentes a realizar actividades
extraescolares con lo que este mal habito se mantendrá en su etapa adulta.
Consumo frecuente de snacks
Se tratan de diferentes alimentos tomados entre las
comidas, y en general ricos en mezclas de grasas y azúcares. Suelen ser
comprados en tiendas, cafeterías, kioscos o directamente en máquinas
expendedoras que podemos encontrar por la calle. Proporcionan una cantidad
elevada de energía con poca densidad de nutrientes (lo llamado habitualmente
“calorías vacías”) y un aporte excesivo
de grasas y azúcares simples, o bien de sal, suponiendo incluso entre un 10-30%
del total energético de la dieta diaria.

También en este apartado incluimos las bebidas azucaradas
y refrescos, ya que muchos adolescentes exceden en su consumo y no son
conscientes de su aporte calórico. Una excesiva ingesta de este tipo de
bebidas, denominadas “blandas” puede desplazar a otras bebidas con un elevado
interés nutricional, como los zumos, infusiones, leche o batidos, por lo que
deberían desplazarse a un consumo ocasional y en ningún caso diario.
Consumo de alcohol
El alcohol aporta
calorías vacías además de sus conocidos efectos nocivos sobre el apetito y
múltiples órganos y sistemas. También es frecuente en esta edad el inicio en el
consumo de tabaco y drogas y anticonceptivos orales.
Dietas no
convencionales, dietas vegetarianas, macrobióticas, de alimentos naturales,
etc, comienzan con frecuencia a practicarse en esta época.
Dietas restrictivas
Puede aparecer una
preocupación excesiva por la imagen corporal, basándose en un determinado ideal
de belleza, iniciándose así los regímenes para adelgazar que conducen a una
ingesta insuficiente de muchos nutrientes, sobre todo en mujeres. Además, estas
personas incrementan la actividad física o incluso inician conductas purgativas
para el mantenimiento del peso. Existe el riesgo de que esta práctica conduzca
a un verdadero trastorno de la conducta alimentaria.
Deportistas

Embarazo en la adolescente
En esta situación
aumentan las necesidades energéticas, y se asocia con una mayor frecuencia de
recién nacidos de bajo peso y mortalidad neonatal.
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